Lo que hay entre nosotros y las cosas

Las ciudades juntan y alejan. A pesar de que tanta gente vive en el mismo lugar, pareciera que no se puede evitar un efecto de distanciamiento que crece con las ciudades. Distancia de los otros, vecinos anónimos que no conocemos y de las cosas, productos cuyo origen desconocemos. Cosas que, como la gente, tienen una historia que el uso del dinero empaña, reduciendo todas  sus características a un precio: la cuestión ya no es qué es algo sino cuánto vale.

Los esquemas cooperativos intentan achicar estas distancias poniendo el acento en eliminar la mayor cantidad de intermediarios posibles: que una corporación no sea un grupo anónimo de accionistas y que medie la menor cantidad de pasos posibles entre las cosas y quienes las necesitan.

En Nueva York, una de las ciudades más grandes de Estados Unidos y uno de los símbolos más extendidos de una gran ciudad en el mundo, estos problemas no son un tema menor. Luego de la crisis fiscal que descalabró el mercado en 2008, muchos ciudadanos se replantearon qué significan los modelos de organización corporativa que pusieron el dinero en un lugar tan importante. La subida de precios de los alquileres, los intereses bancarios, la comida, entre otros elementos, hicieron que los problemas de los modelos de competencia se volvieran más tangibles. Los modelos alternativos de organización, como las cooperativas, se convirtieron en opciones cada vez más atractivas.

Nueva York, al igual que la Buenos Aires luego de la crisis de 2001, vio florecer desde 2008 una cantidad enorme de proyectos cooperativos y autogestionados. Hay cooperativas de vivienda que proponen que sus arrendatarios se conviertan en “semidueños” del departamento que alquilan, manteniendo los precios de la propiedad más accesibles. Muchas se organizan alrededor de comunidades que existen con anterioridad, como la comunidad afroamericana o algunas comunidades de amigos o estudiantes. La propiedad parcial permite que los dueños siempre sean los habitantes, lo cual elimina el eslabón intermedio entre la propiedad y la persona que la alquila. También existen cooperativas bancarias que crean fondos comunes con las cuentas de ahorro de los miembros. Estos fondos sólo se invierten en cuentas de inversión que han sido aprobadas explícitamente, en reuniones cara a cara, entre todos. Estos proyectos, que son a pequeña escala, tienen su límite en la propia representatividad: la cantidad de gente que toma las decisiones no supera demasiado la cantidad total de personas que integran los proyectos.

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